Estos días se han cumplido cuarenta años de la última carrera de Fórmula 1 disputada sobre el asfalto de Montjuic, baluarte natural de la ciudad de Barcelona.

El circuito de Montjuic, un trazado urbano con desniveles acusados y curvas cerradas era un escenario donde los pilotos debían demostrar sus mejores habilidades técnicas, fue ideado por los miembros de la Peña Rhin, el club automovilista por excelencia del primer tercio del siglo pasado en Catalunya.

El circuito era una brillante sucesión de curvas dividido en dos grandes espacios o momentos: el primero era un lento y técnico descenso desde la curva de Miramar donde los bólidos llegaban lanzados a 230 km/h y debían reducir a primera para superarlo a no más 60 km/h, pasando por el museo Etnográfico, la curva de”la Paella” , la “Font del Gat”, Museo Arqueológico hasta llegar a Guardia Urbana, donde comenzaba un tramo rápido por la recta de Rius i Taulet, e inicar un ascenso rápido por el Poble Espanyol hasta coronar de nuevo la recta del estadio, a más de 280 km/h.

Inauguración y primeros años

La montaña de Montjuic había sido el escenario de la exposición universal de 1929, que cambió la fisonomía y urbanización de la montaña de Montjuic. La disponibilidad de grandes y anchas avenidas (la anchura del circuito oscilaba entre los nueve y los doce metros) y el atractivo natural de la propia montaña la convertían en un escenario idóneo para la práctica de los deportes de motor.

La cuarta edición del Gran Premio Peña Rhin fue rebautizado como la “Copa Barcelona”, y la edición de 1933 sirvió para inaugurar el trazado del circuito urbano de Montjuic. La prueba, celebrada el 25 de junio de 1933 y estaba abierta para coches de 750 kilos de peso. Aquella carrera inaugural la ganó el piloto italo-chileno Juan Zanelli al volante de un Alfa Romeo 8c-2300.

El circuito de Montjuic demostró todo su potencial y contó con la complicidad del público barcelonés, encantado y atrapado por el magnetismo de las carreras de automovilismo en la montaña urbana.

Montjuic 1933

Montjuic volvió a ser utilizado en los Grandes Premios de 1934, con victoria final del italiano Achille Varzi al volante de un Alfa Romeo 2900 de la escudería Ferrari, y de 1935, con una vibrante batalla entre el Mercedes del alemán Rudolf Caracciola y el Alfa Romeo de Tazio Nuvolari, con victoria final del germánico y su flecha de plata.

Pero la carrera más emocionante de la historia del trazado urbano de Montjuic fue, sin lugar a dudas, la del año 1936, semanas antes del estallido de la Guerra Civil Española. Aquel 1936 habían desembarcado en el asfalto barcelonés máquinas y pilotos legendarios como Bernd Rosenmayer y su Auto Union, el Bugatti de Jean-Michel Villimie, el Maserati de Giuseppe Farina, el Mercedes de Caracciola y el Alfa Romeo de Tazio Nuvolari. Ese día, “il Mantovano volante” consiguió una victoria in extremis sobre el campeón alemán, con un margen inferior a un segundo en la línea de meta, ante el éxtasis de la afición catalana, que había disfrutado de lo más en una carrera llena de adelantamientos y alternativas a la cabeza.

Desgraciadamente, la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial y la posterior post-guerra y depuración franquista debilitaron la fuerza social y económica de la Peña Rhin, sospechosa de ser una institución prodemocrática, y los siguientes Grandes Premios de los años 50 se reubicaron al nuevo circuito de Pedralbes.

Durante aquellos años el circuito urbano sólo era utilizado para las competiciones de motociclismo, que celebraron de manera ininterrumpida el Gran Premio de España de motociclismo desde 1933 hasta 1975 (con el paréntesis correspondiente a la Guerra Civil).

La segunda etapa

Montjuic volvió a ser escenario de carreras de automovilismo, ahora ya bautizada como Fórmula 1, en 1968. El Gran Premio de España de F1 se celebraba de manera alterna entre el circuito urbano de Montjuic y el trazado madrileño del Jarama.

Montjuic hospedó los Grandes Premios de 1969 y 1971, con victorias del británico Jackie Stewart al volante de un Tyrrell-Ford, y el de 1973, con victoria del brasileño Emerson Fittipaldi. Pero Montjuic se había quedado pequeño para coches tan potentes como aquellos monoplazas de finales de los años 60 y principios de los 70. El circuito, técnico y muy querido por los pilotos, incluso presentaba graves déficits de seguridad, al no incluir garantías ni escapatorias en caso de accidente.

Y entonces llegó el Gran Premio de 1975, celebrado el 27 de abril (día de Montserrat, patrona de Catalunya). Barcelona no recuerda un día de Montserrat más triste que aquel de hace cuarenta años. En la vuelta 26, el monoplaza de Rolf Stommelen perdió el alerón trasero en la recta del estadio olímpico matando cinco espectadores. La carrera fue detenida y se proclamó ganador Jochen Mass, el líder de la carrera en ese instante.

Aquel accidente fue el punto final en el circuito de Montjuic y las carreras de velocidad urbanas. Sin embargo, aquella desgracia llevó la iniciativa de dotar un nuevo circuito en el país, más seguro y eficiente